Katabasis

Lucía Estrada’s Katabasis is a three-part plunge into darkness, madness, the unknown. It takes its title from the Greek word, which, in the classical tradition, refers to knowledge quests into the underworld by epic heroes. Estrada’s katabatic poetics unearth a new take on descent and, with it, dissent: descent into mind-states and dream-states, descent into the intertextual and uprooted, descent into a trauma unique to a life lived in active or dormant warzone, dissent from a US imperialist vision of Colombia and its cultural production. Rendered into English by Olivia Lott, Katabasis is the first poetry collection by a Colombian woman to be translated into English and published in the United States.

Peldaño III

La luz rueda silenciosa sobre la piedra y alcanza una ventana. En ella funda su reino, sin importar quién, desde algún rincón, pueda celebrar su epifanía. Dentro, alguien intenta una fórmula, una aritmética de lo que apenas intuye, y obliga a su cuerpo a corresponder ese abrazo de arcilla inquietante. Nada de lo que ocurre en el secreto de las cosas podría ser invocado por el azar. Así las acepta y las ofrece al ritmo vertiginoso del tiempo.

 
Bajo el techo que ningún cielo sostiene, la vida transcurre de otra manera. Un río subterráneo de formas voluptuosas, un río que apenas sí se advierte en la penumbra. Cuanto resplandece adentro, cal y arena, suaves curvas que acogen como un vientre el sueño y los misterios de la carne, alimenta el rabioso mediodía de las terrazas; el mar rutilante que va y vuelve allí abajo, las constantes e invisibles precipitaciones del afuera. Dentro, seguirán hasta el fin las mediciones, las largas esperas entre números y pequeños dioses chispeantes.

Los ojos no han perdido de vista ni un instante los cambios geométricos de la luz, como el cazador a su presa, o el zahorí el llamado insistente del agua. Así, oscuramente, la noche, el oído atento. La luz es apenas un fantasma en la rugosidad del muro. Pronto se llevará la ventana, la redondez de un vaso, el ángulo exacto de la mesa. Quedará el mar, su música galopando en el espacio negro. Un mar imaginario como las cosas que empiezan a desaparecer, como el brillo opaco del compás, como las manos... Sí, al final sólo quedan las manos, su quietud de hueso, prueba de que hubo algo, ni grande ni pequeño, abriéndose a la noche, sucediendo sin testigos, sucediendo—sencillamente—como la luz, o el peldaño que no continúa la escalera, y que muere, perfecto y distante, ante tus ojos que se apagan.

Stair III

Light silently wraps around stone, reaches a window. That’s where it founds its kingdom, not caring who, from some corner, was there to praise its revelation. Inside, someone tries out a formula, arithmetic she barely knows by heart, and forces her body to return this unsettling clay embrace. No part of what happens in things’ secrecy could be called on by chance. Just like that they’re taken in, offered up to the dizzy rhythm of time.


Below the roof held by no sky, life plays out in another way. An underground river with sultry shapes, a river that can barely be made out in the penumbra. What shines inside, lime, sand, soft curves that take in, like a belly, sleep, mysteries of flesh, it feeds the raging midday of balconies; sparkling sea coming and going right below, steady see-through rainfall outside. Inside, measurements will go on until the end, long delays between numbers and little clever gods.


Eyes haven’t lost sight of light’s geometric shifts for a single second, like hunter and prey, or dowser and the incessant call of water. Just like that, dimly, night, alert ear. Light is barely a ghost against jagged walls. Soon it will make off with the window, the roundness of a glass, the sharp slant of a table. The sea will stick around, its music galloping in black space. A sea dreamed up like things beginning to fade, like the lackluster shine of a compass, like hands... It’s true, in the end only hands are left, their bone-like stillness, proof there was something, not big, not little, opening itself up to night, taking place with no witnesses, taking place—simply—like light, or the stair not drawing out the staircase, dying, perfect, cold, in front of your eyes as they get switched off.

A una sombra

Sueño teñido por la locura: noticias de barcos perdiéndose en la lejanía, dolor de sal que habla a través de las bocas de las mujeres. En las manos de alguien leo su desamparo. Noticias ahora fragmentadas como antes lo estuvieron sus cuerpos.


Reaparecen, nos miran. Todas las posibilidades del horror reunidas en el espasmo de saberlos vivos en algún lugar respirando un aire de ceniza que los lleva lejos, más lejos que la muerte.


Alguien grita sus nombres, pero es a nosotros a quienes llaman.

Shaded

Dream tinted by madness: news of ships getting lost in the distance, salt ache speaking through women’s mouths. In someone’s hands I read her helplessness. News now splintered like their bodies before.


They reappear, eyes on us. All likelihoods of terror collected in the spasm of knowing they’re alive somewhere, breathing an ash air that carries them far away, farther than death.


Somebody screams out their names, but we’re the ones being called.

Trazos

Hay una línea, entre todas las que elegiste, en la que empiezo a desaparecer. Y como el viento que mueve sin descanso las ramas de los árboles, vuelvo del fin a mi nacimiento. Basta un solo gesto de tu mano en el vacío para poner en marcha esta nueva perplejidad de horas, de minutos, de sombras que se consumen... Camino alrededor de mí. Ningún límite se interpone, pero bien sé que cada paso lo guarda el invierno. Si enciendo una llama es para no perderme; si ante la luz cierro los ojos es para que viva en secreto tras los párpados. Cada cosa que haya existido, volverá a abrirse paso entre la hierba. Pero no sin riesgo. Aquí y allá todo cruje. El corazón siempre estará a la altura de su muerte. Cruzará para ella el aire, el agua, la herrumbre... La tinta negra de un mar negro va de tus manos a mis manos, aprieta el anzuelo, escupe palabras incomprensibles.


Pero he aquí que empiezo a desaparecer. La oscura línea continúa su curso. Tres vueltas de llave, y el cuerpo sentirá sus fantasmas, su sangre espesa, su absurda forma interior...


Aire, sangre, formas... palabras que agotan su estrella, círculos protectores que recuerdan cruelmente el tiempo de los sacrificios a un dios tan impalpable como el deseo de volver.


Piedra, arena, abismo. El silencio que sigue al estallido, al grito de guerra, a la tempestad, se confunde con el mío, precario y blanco. Pero, ¿quién dice que estoy en el mundo? ¿Quién dice que este día es sólo un día y no me pertenece?

Outlines

There’s a line, in all the ones you’ve set aside, where I begin to fade away. And like the wind that endlessly sways branches, I come back from the end to my birth. A single wave from your hand in the emptiness is enough to set in motion this new daze of hours, minutes, shadows eaten away... I circle myself. No limit stands in the way, but every inch of me knows winter keeps each step in view. If I light a flame, it’s so I don’t lose track of myself; if I close my eyes in the light, it’s so I exist secretly behind eyelids. Every thing that has been will come back to push its way through grass. It’s not risk-free. Here and there, every thing creaks. Heart will always be at the peak of its dying. For its dying, air, water, rust will cross to the other side... Black ink from a black sea flows from your hands to mine, squeezes the bait, spews jumbled words.


But here’s where I start to fade away. Dark line keeps to its course. Three key turns, and the body will feel its phantoms, its thick blood, the absurd shape of its interior ...


Air, blood, shapes...words tiring out their star, safeguarding circles remember in cold blood the time of sacrifices to a god as intangible as the urge to turn back.


Stone, sand, abyss. Silence that trails the crash, war cry, tempest; it mixes up with mine, white, shaky. But who says I take place in the world? Who says this day is just a day and doesn’t belong to me?

Nota encontrada al margen de un poema de Anna Ajmátova

No tengo su nombre, pero también los pájaros vienen a morir en mi ventana. No tengo su rostro, pero mi gesto huye en inmóvil despedida. Si en lugar de quedarme decidiera ir al encuentro de lo que resplandece para su propio regocijo, si lograra al fin saltar la cuerda, intentar los pasos que me llevarían al centro de la fiesta. Pero qué lejos el mundo visto a través de mi máscara de hueso. Con cuánta inocencia podría recuperarlo... Pero he aquí que miro siempre en otra dirección, disperso al oído, casi muda, vistiendo los trajes que no fueron hechos para mí, viejas herencias del hastío. A todos nos reunirá el polvo –dices– sin embargo, mis pies se desvanecen antes de tiempo, no alcanzan, no persiguen ninguna señal. Son el miedo a todos los lugares, a los desniveles, a la tierra firme... Escucha lo que en este grito hay para ti –dices– y no busques lo que has de ver en otros ojos.


La noche nos ha dejado completamente ciegas.

Note Found in the Margin of a Poem by Anna Akhmatova

We don’t share a name, but birds come to die at my window, too. We don’t look alike, but my gaze takes off in motionless goodbyes. If only I’d made up my mind to run after what shines just for its own bliss, instead of sitting still, if only I’d been able to skip rope, stumble to the heart of the party. My mask of bones makes the world seem so far away. How guiltless would I need to be to get it back... But here’s where I’m always looking the wrong way, dislodged ear, almost mute, eyeing the suits not cut for me, stale legacies of weariness. Dust will bring us all together—you say—still, my feet fade too soon, helpless at grasping, at tracking down a single sign. They are the fear of all places, slopes, solid ground... Listen, something in this scream is for you—you say—and don’t go looking for what you’ll only glimpse in other eyes.


Night has left the two of us completely blind.